Eran las doce de la tarde, iniciaba la misa el padre Sebastián cuando empezó a quejarse una mujer embarazada: Ya tendría al niño. Mas de alguien pensó llevarla al hospital, pero era demasiado tarde. Daría a luz en la tercera banca de la derecha en la Catedral de Valparaíso. La acomodaron, por lo tanto, en el altar. La iglesia se llenó de ecos de gemidos y gritos... Raquel y su esposo eran trigueños típicos, mas el niño nació negro y sus manos eran blancas: ¿Sería el presagio de una buena nueva o simplemente un error genético? La mayoría sorprendida lo adoraba. Los más crédulos decían: es el Mesías, nos ha venido a salvar. El padre Sebastián tomó al niño y lo bendijo y todos oraron. En el acto un silencio inundó la iglesia que fue estremecida por el llanto del infante. Este regocijó el alma de muchos pecadores e incluso algunos, con mucha alegría, rompieron a llorar. La noticia voló tan rápido que donde había cien llegaron doscientos más, entre ellos muchos niños de distinta raza que cantaron al unísono una celestial melodía. Mágicamente, en ese momento, se abrieron todas las ventanas viéndose un arco iris, el más hermoso que alguien alguna vez haya visto. Cuando el espectro fue desapareciendo, los niños lo hicieron con él.
-Ahora eran más los que creían y muchos más los que llenaban la iglesia-.
Una mujer mayor, pero lozana se acercó a ellos cuando la multitud se abalanzó contra el padre. Les dijo que era hora de abandonar el lugar, por lo que, en medio de tanto alboroto aprovecharon la oportunidad de irse. La mujer los llevó hasta su auto, momento cuando Raquel le preguntó porqué hizo eso. Ella contestó que lo había soñado debiendo llevarlos a su casa. Su marido también confundido se negó y le pidió los llevara al hospital.
En el hospital Deformes estaban alertas de que una mujer trigueña, de unos veinte años, llegara con su hijo recién nacido... un pequeño muy extraño.
Al arribar a la maternidad de inmediato los atendieron. Poco después apareció la infaltable prensa sensacionalista. Todos estaban ansiosos por conocer la opinión de los médicos, pues ¿Sería este niño el Mesías? ¿ Sería el Salvador? Pasaron dos horas desde el momento del alumbramiento: Si hubiese llegado antes -decía el médico- estaría con vida. El niño nació defectuoso, lo de sus manos es inexplicable, pero no es el Mesías. Cuando se enteraron los reporteros, los diarios publicaron: “Madre del niño muere” “El niño no es el Mesías” “El Mesías no existe”.
Diego se encontraba solo. Su esposa yacía muerta y los médicos le comentaban que gracias a Dios el niño estaba con vida. Su mujer era su única familia... no sabía que hacer. La mujer, entonces, como si supiera que pasaba por su mente, se ofreció como niñera. No sabía que responder, su mujer siempre tomaba las decisiones importantes... Se encontraba tristemente solo y nunca había criado un niño. Después de pensarlo unos minutos accedió a su propuesta. Esta extraña mujer tenía por nombre Abigail y dejaba de ser extraña.
Benjamín cumplía quince años y el defecto estaba superado. Desde ese momento su vida cambiaba. Abigail comenzó a relatarle sus sueños: “Soñé cuando aún no nacías que criaría a un niño muy especial sin ser yo su madre”. Hay otro sueño que es muy recurrente en el cual todo lo que veo me es desconocido, mas lo único que hago es mirar y escuchar: “Un desafortunado arqueólogo busca quien le financie una expedición. Según él es capaz de encontrar el último libro que habría escrito David en una piedra con el nombre de Canto del Devenir. Se cree que esta piedra desapareció junto con el Arca del Pacto del Dios Verdadero. Lo curioso de esta historia es que la piedra habría sido escrita en estado sonambuliento.
Una extraña intuición lleva a Juan Manuel Salvatierra a un despoblado pueblo, cerca de su ciudad natal. Allí, entre las penumbras, encuentra una extraña brújula de madera que en su parte posterior tenía tallado Devenir. Le pareció esto muy insólito y mucho más cuando al llegar a su morada al escuchar los mensajes grabados en su contestadora. Uno de los hombres más poderosos le proponía financiar su expedición. No sabía si alegrarse por lo que enseguida llamó para comprobar si era cierto. Progresivamente un inmenso regocijo inundó sus ambiciones: ya tenía el dinero que necesitaba y una extraña brújula de madera que nunca sentaba hacia el norte.” En ese momento nacieron en él las ansias de estudiar arqueología, entonces, comenzó a leer todo libro que conseguía, especialmente sobre expediciones realizadas hasta esos días. Ningún Juan Manuel Salvatierra existía ni alguien que buscara esa piedra...
Por tanto estudiar se alejó de sus pocos amigos, de su padre -con quien nunca conversaba- y de Abigail.
Ese año tuvo un encuentro con un viajante. Se encontraba caminando hacia su casa cuando una nave descendió hasta una altura de seis metros y a unos cuatro de donde estaba él. De un instante a otro empezó a descender un ser: parecía ser de fuego y entre sus manos traía una piedra que dejó en el suelo, se devolvió sin dejar de mirarlo, ascendió y desapareció. En ese momento, Abigail tocó su espalda preguntándole que le sucedía, pues su mirada estaba estacionada en el horizonte. Nada, respondió y caminaron sin decirse palabra uno al otro hasta su hogar. No se explicaba lo que había pasado, tanto por la nave, por la piedra y por la aparición repentina de Abigail. Al día siguiente iría a averiguar si había algún indicio, se sacó el reloj de pulsera para programar la alarma y se percató que estaba detenido, que desde hacía más de dos horas que no andaba.
En la mañana, antes de ir a clases, pasó a ver si había alguna señal. Ahí estaba: una piedra que a simple vista parecía ser una mezcla de ópalo y cuarzo. La puso entre sus manos, la observó por unos segundos y la guardó en su bolso. Toda la mañana pensó en aquello... cuarzo y ópalo es sílex, roca que forma la segunda capa terrestre. Al llegar a casa buscó en sus libros para confirmarlo. Había acertado, mas quién creería lo sucedido... la piedra por lo tanto quedó guardada en el entretecho. ¿Qué tendría que hacer ahora? Sólo esperar, pero qué.
Sus años de colegio terminaban y comenzaban a sucederle situaciones poco triviales: casi todos los días soñaba con el ser reluciente y éste algo le decía. Abigail estaba distinta, algo le ocurría. Había días que susurraba unas palabras en idioma desconocido para él. Después descubrió que hablaba en hebreo. Los días pasaron y Benjamín le preguntó por lo que murmuraba. Le respondió que eran palabras que alguien le repetía en sueños. Estas mismas palabras empezó a decirle el ser de fuego, ya no sabiendo si eran viajes astrales o si se había vuelto paranoico y lo estaba imaginando. Buscó en los diccionarios de hebreo y descifró lo que decían esas palabras: “Canto del Devenir”.
Todo se tornaba misterioso ¿qué sería lo que pasaba? No comprendía, entonces se le pasó por la mente algo que no había hecho: leer la Biblia cristiana: David, Rey de los judíos no habría escrito aquel canto, pero su segunda esposa, por extraña coincidencia, tenía por nombre Abigail.
Faltaban un par de días para que se licenciara y muy próximo su ilusión de estudiar en la universidad. Sólo dependía del puntaje que obtuviera en la cuestionada prueba de aptitud académica. Su padre lo apoyaba, ya que sabía que no era un capricho de niño sino que toda su vida.
El puntaje obtenido le llenó el alma de emociones jamás experimentadas, ahora sólo debía postular. Sintió en ese momento que su apariencia física no había afectado mayormente su vida, lo que sí a muchos sorprendía.
Su primer día de clases fue fascinante y el profesor de introducción le recordaba al ser reluciente. Su nombre nunca aprendió a pronunciarlo, en realidad ni él sabía como decirlo.
Abigail, anciana, según su último sueño su tarea estaba cumplida. Ese mismo año Benjamín se licenciaba de arqueólogo y en un día de otoño se despidió, les dijo que debía marchar porque ahora alguien la esperaba...
Llegado el día de su licenciatura Benjamín se dio cuenta que el profesor de introducción era otro. Quien le había guiado en sus investigaciones del sílex y del libro-piedra no existía. Entonces ¿sería este profesor un ser astral hecho hombre?... Tal vez Abigail hubiese tenido una respuesta, pero hacía tiempo que no estaba.
Después de esto pasó casi un año y viajó al Valle del Elqui, antes que aconteciera el eclipse de sol para observar el comportamiento del sílex. Sería un gran suceso presenciar la reacción de la segunda capa terrestre. Excavó sin ayuda durante dos semanas, era imposible que lograra llegar hasta el manto silicatado. Faltaban pocas horas para el inicio del eclipse y venía llegando Juan Manuel Salvatierra. Se percató que la brújula apuntaba hacia Chile, específicamente el Valle, cuando se enteró de la noticia del eclipse y que en este lugar se apreciaría en casi toda su magnitud. Por fin sabría el porqué indicaba esa dirección.
-Benjamín no sabía que Juan Manuel egresó un año antes que él, siendo ese el motivo de nunca haber sabido de sus investigaciones-.
El día comenzaba y ya oscurecía. Era maravilloso. El Valle estaba repleto. Benjamín seguía cavando y Salvatierra buscaba lo que la flechilla señalaba y cuando pareció haberla encontrado se confundió con Benjamín que precipitaba hacia el agujero que el mismo había cavado, golpeándose con una piedra. Juan Manuel aprisa fue hacia él. Benjamín la cara se quemó con un pedrusco ardiente con el que se golpeó y tenía insertado entre sus ojos, que removió con sus manos no sufriendo quemaduras. Todo esto no lo vio el foráneo arqueólogo y simplemente lo llevó con un grupo de cruz roja chilena que se encargaron de llevarlo al hospital. Una vez que la ambulancia llegó y lo cargaron a ella para ir en una carrera contra el tiempo, tomó la brújula que ostentó hacia ella. Se dirigió, entonces, a un taxi para que siguiera la ambulancia. El chofer se entusiasmó a llevarlo enseguida, pues a este español le iba a sacar un ojo de la cara con la carrera, pues el taxímetro estaba a su favor.
Quedaría ciego, le dijo extraoficialmente una enfermera. Verlo no pudo por no ser un familiar y por su estado gravísimo, ya que hasta podría fallecer. Al día siguiente, muy temprano llegó su padre. Su único hijo estaba total y definitivamente ciego y en estado de coma. Juan Manuel le relató a su padre lo que vio. También le contó lo de la brújula quedando su progenitor perplejo. Le rogó la pusiera en sus manos y le dijera hacia donde señalaba. Quizás ahí estaría la explicación de lo sucedido, le expresaba. Diego la asió... realmente lo indicaba. Con un mar de incertidumbres entró a la habitación donde su hijo agonizaba y la colocó en su mano. La brújula enloqueció enseguida y terminó por indicar hacia el noroeste. Diego la recogió, salió y le mostró a Salvatierra, quien le explicó al observarla que volvería al lugar de los hechos y le mantendría informado.
Benjamín estaba muy mal, no salía del estado de coma; tenía, además, muchos viajes astrales entre pláticas que se sucedían en un ir y venir de imágenes de hombres de diferentes épocas, razas y costumbres y como un predicar se exponían ideas y conceptos de vida:
Yaveh dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?.” Contestó: “no sé ¿Soy yo acaso el guardia de mi hermano?.” Yaveh replicó: “¿ Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo.”
Benjamín no sabía que estaba en estado de coma, sólo que se desdoblaba.
“Horus, rey de Egipto, es el Faraón; y los faraones que vienen después son siempre Horus.”
“Horus es el Faraón. El Faraón al casarse con su hermana da el ejemplo. ”
“Horus y Seth son hermanos y Seth odiaba sobre todo los ojos de Horus.”
No entendía lo que pasaba; luego reflexionó que era parecido a la historia de Caín y Abel. Tampoco comprendía porqué viajaba tan lejos no habiendo una relación con la piedra.
“Bendito sea Jehová, que ha conducido la causa judicial de mi oprobio (para librarme) de la mano de Nabal... Jehová la ha hecho caer sobre su propia cabeza.”
“Y David procedió a enviar y a proponerle a Abigail tomarla por esposa.”
Era la Abigail que lo había criado... Todo se volvía confuso y seguía viajando no teniendo tiempo para pensar e hilar los hechos
“Y Ea se apareció en sueño a un hombre a quien amaba, Uta-Napishtin, y le dijo que construyera un navío:
¡Abandona tus posesiones, salvad tu vida!
Lleva al navío granos vivos de toda especie.
Ese navío que debes construir
Será de amplias dimensiones
Su largo y ancho bien proporcionados.
En él te lanzarás al océano...”
“Y el cuervo voló y vio que las aguas bajaban. Se acercó al barco caminando sobre el agua y graznando, pero no volvió.”
Que extraño era esto, era muy parecido a lo de Noé en la Biblia evangélica.
“ Y Zoroastro adora a Ahura, simbolizado por el fuego: Oh, Ahura, ¿cuándo levantarás el sol para el triunfo del bien en el mundo, por la poderosa sabiduría de los libertadores futuros?”
Y seguía viajando sin mirar atrás, pues tenía miedo. Ya iba en el quinto viaje y lo único que sabía era que ellos eran elegidos.
“Cuando Arjuna, vio todas estas clases de amigos y parientes, se sintió abrumado por la compasión, habló así: Mi querido Krishna, al ver a mis amigos y parientes con ganas de luchar, siento temblar los miembros de mi cuerpo... Me siento incapaz de permanecer aquí más tiempo.”
En ese momento dilucidó que Arjuna era muy parecido a David... Y siguió viajando.
“Era un discípulo de todas las sabidurías y después de largas meditaciones, descubrió en la soledad de una larga noche de iluminación, bajo un árbol, la causa y el remedio del sufrimiento... El nirvana, el fin de las reencarnaciones, la muerte decía Buda.”
En ese momento el médico señaló que salía del estado de coma... su último viaje lo llevó en ese minuto: frente a frente se halló con el ser resplandeciente quien le enunció que es su guardián, que lo guiará en su búsqueda, que lo primero que debe hacer es ir a buscar la piedra y trabajar en conjunto con el español. Benjamín miró atrás y se vio enfermo por lo que regresó a su cuerpo.
Estaba a salvo, había salido del coma, es un milagro dijo el cuerpo médico sorprendido. El cirujano comentó a su padre que aún no existe la tecnología para que recupere la visión. En unos días saldrá del hospital, pues su recuperación ha sido misteriosamente rápida, fue lo último que comentó. Las primeras palabras que dirigió a su padre fueron que viajara a casa y sacara del entretecho una piedra que hace tiempo ahí guardaba, para que se la entregara. Diego no quiso dejar a su hijo y le replicó que viajarían juntos. Benjamín estaba en los alrededores del accidente, buscaba sin cesar lo que la brújula quería señalar, pues al aproximarse a las excavaciones enloquecía y si se alejaba la reseñaba. Fue a ver a Benjamín y le dieron la noticia de que en unos días estaría en su hogar. En el pasillo se encontró con Diego y le detalló los hechos pasados. Él le relató lo que había acaecido con la brújula cerca de las excavaciones, todo era confuso e insólito. Le pidió si podía pasar a verlo. Cuando entró a la habitación el ser astral le susurró al oído que estaba el español. Gracias por ayudarme, le expuso. Juan Manuel sorprendido musitó de nada. Conversaron hasta que llegó la enfermera y le pidió que se retirara. Quedaron en mutuo acuerdo de trabajar juntos en una investigación que llamaron, por la milenaria piedra, SILEXNARIO.
A las tres semanas comenzó la tarea. Antes, Benjamín voló a su casa a buscar el sílex. Al llegar nuevamente al valle, fueron a donde había cavado y Juan Manuel puso en su mano el chapitel de madera. Éste inclinó su aguja hacia un pedrusco que estaba incandescente, de color amarillo y de unos tres por cinco centímetros. Bajó a tomarlo Salvatierra, pero al ver que estaba ardiendo tomó su cantimplora y le dejó caer agua. Cuando se enfrió la levantó y la guardó en su bolso, comentándole que estaba llameando. Ambos sabían que era sílex, piedra volcánica. Nuevamente tomó Benjamín la brújula y esta remitía hacia el noroeste. Iniciaron un viaje que ahora implicó salir del país, llegando hasta México. Fue un viaje que duró más de veinte meses, pues el giróscopo enloquecía por el sílex que cargaban cada uno. Estando en ciudad de México, ambos con sus pedruscos silicatados en sus manos, Juan Manuel se percató que la que tenía Benjamín poseía tres hendiduras. Se la pidió y para asombro suyo su piedra amarilla entraba perfectamente en el sílex extraterrestre. Tomó nuevamente el chapitel de madera y le dijo que lo sostuviera por que ella lo señalaba desde el instante en que hizo encajar las volcánicas. Comenzaron a buscar lo que ella aludía, hasta que llegaron a unos Teocalis sagrados. Entraron y apuntó su manecilla hacia unos puñales. Específicamente el que especificó era de sílex el resto de obsidiana (por lo que ellos sabían). Encajaba completamente en otra hendidura. La manecilla ahora oscilaba hacia el este. Juan Manuel dedujo el lugar específico, no lo imaginó. Viajaron enseguida a Jerusalén. Al parecer no se había equivocado, mientras volaban todavía indicaba el este.
Faltaba una pieza para el rompecabezas e incluso así que conseguirían. ¿ Qué lograrían al tener la última piedra si ni siquiera sabían para que la estaban juntando? Era la brújula quien los instaba a hallarlos, pero ni siquiera tenía algo escrito. Nada tenía.
Arribaron a las seis de la madrugada. Esta piedra presentían era más fácil de encontrar. A los seis días llegaron a la ciudad de David donde estaba enterrado. Hacia un pastizal la aguja enseñaba, pero sería imposible excavar en la ciudad santa. En eso un terremoto hizo de las suyas, abriéndose los caminos. Juan Manuel no alcanzó a sujetar a Benjamín y éste cayó al abismo. En el final del precipicio escuchó una voz que le decía: ve con el corazón por que la piedra que llevas en tu mochila es una llave. En ese momento nuevamente pudo ver y sacó el pedrusco. Delante de él había una muralla que tenía la forma de su sílex. Se acercó a encajarla cuando otra voz le hablaba en tono suplicante: -¡No lo hagas, soy tu madre! ¡No hagas lo que los hombres te indujeron a hacer! -¡ Calla! ¡Calla demonio! Replicaba otra.-¡No lo hagas que me condenarás! (con un tono más ronco). Se escuchó ahora unas palabras que traía el viento desde el infinito: ¡Oh, vosotros que poseéis la inteligencia terminarás por temer a Alá!. Benjamín vio entonces que todo estaba envuelto en llamas, como también la roca que sostenían sus manos, pero éstas no estaban quemándose. Sin pensar en algo decidió encajar la en el muro que parecía tener un sello que se rompió al tener contacto con el sílex. Nuevamente la tierra se estremeció y se abrió el abismo ardiente. Cientos de ángeles descendieron a éste, tomaron a David, a los otros santos y a Benjamín. Dios tomó el libro de la vida para luego juzgar, mientras tanto el diablo y sus seguidores quedaron en libertad. Dios silenció un instante, David entregó a Benjamín la tabla de los mandamientos y entonó su Canto del devenir:
Y se cumplió tu profecía, oh Yaveh,
y has venido a librarme de tus enemigos
con los cuales por años he combatido.
No hay alguien más bueno que Tú.
Tú que me escuchaste
cuando una vez fui Abel
y por siempre fui tu elegido:
“Un verdadero hombre
según el corazón de Dios.”
Y yo te dije:
no estaré en el cielo
mientras tengas enemigos
y Tú me has librado de ello.
Tus mandamientos,
que ahora he entregado, serán testimonio y vida
para los de la segunda resurrección.
Y así ha sido y así será.
Benjamín tenía en sus manos (que se habían vuelto negras) los mandamientos, pues era el elegido para guiar a los que tenían una segunda oportunidad para salvarse, incluyendo a la buena de Abigail.”

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