sábado, 3 de marzo de 2007

El Club de Lulú

En la vida conocemos gente, alguna sólo pasa y con suerte (y un gran esfuerzo) algún día recordamos su nombre. Hay otras personas que se aferran con uno en un vínculo, y viceversa, que se forma una valiosa amistad. Esto no es gratuito, puesto que para formar cualquier tipo de vínculo hay que realizar algún trabajo y a veces ese trabajo es exiguo debido a que en ese encontrar se hallan dos corazones sinceros. Así es la vida: es un caminar y encontrase con gente, con personas que de un día para otro tienen un significado en nuestras vidas y cuando llega el momento de la despedida “un nudo” se hace dueño de nuestro hablar y nos cuesta poder decir lo que sentimos, pues el dolor de la partida es tan grande que reprimimos lo que queremos decirles para que no sea tan triste la despedida.
Esta historia es distinta, pero habla de lo mismo. Que hace este cuento diferente: que son cinco las personas que decidieron forjar una amistad milenaria y trascendental. No es común esto suceda con dos personas y mucho menos cuando son cinco y todas viven cosas distintas y no hay un factor común fácil de identificar. Yo logré visualizarlo, pues no era la edad, los gustos, ni su situación actual de pareja aquel factor en común. Era otro, demasiado visible, que por lo mismo no se lograba ver: “sinceridad, cariño, tolerancia, respeto, penas y alegrías”. Esta es la base del Club, valores que todas ellas poseen y por los cuales ellas viven, entonces no es extraño que la vida las halla puesto en un mismo camino y no es azar que este pequeño cuento, que de cuento nada tiene, puesto que todo lo relatado es de la vida real, sea pequeño, pues tan sólo conté lo que sucedió una noche de despedida y no contaré ni aspectos del pasado ni del futuro que vendrá, ya que no puedo develar más acerca de la magia del Club de Lulú.



Con cariño para “la Iris, la Pame, la Queve, la Mariana y la Vero de veras”.
El Club de Lulú. Y para Maricarmen, que también estuvo ese día.


(23) Septiembre del 2005



El Club de Lulú

El reloj marca las 5 de la tarde. El bus aún no aparece en el andén. Tres integrantes del Club están con los ojos mustios. Una de ellas marcha para no volver y el tiempo ya no se puede hacer esperar más. Aunque no caen lágrimas en ese momento, todas recuerdan la noche anterior, una cena para despedirla fue la última reunión del Club. Esa noche sólo faltó una de sus integrantes, que poco tiempo atrás también tuvo que marchar. Traslado es como se llama al hecho de que debe viajar a otra ciudad a trabajar… traslado es lo que la noche anterior es lo que las hizo llorar.
Quizá han pasado ya dos meses desde que la señorita “Q” dejó de ser parte de las reuniones semanales del Club, fue la primera que emigró a su tierra natal a trabajar, a dos horas de lo que fue el lugar donde se creó el Club. Ayer, ella no pudo estar debido a que las circunstancias de la vida quisieron lo contrario. Entre lágrimas, que brotaban bajo la tenue luz de los ojos de las demás, el club pronunciaba palabras de despedida a la señorita “V”, que también se marcha a su ciudad natal, pero aquí las horas se triplican y son siete horas las que separan esta amistad concebida de la sinceridad, el respeto, el cariño y las crónicas de vida que se contaban en cada reunión donde reían y sufrían las unas con las otras.
Por eso no resultó extraño que “M” le dijera que desea que lo mejor de la vida sea para ella y que nunca la olvidará, que la amistad no termina porque ya no estarán juntas, que por el contrario esperará con ansias volver a verla. Que no sólo quedan recuerdos sino un proyecto de vida en el cual ella siempre formará parte. Para no dar paso a las lágrimas que ya se dejaban entrever, la señorita “I” miró a “P”, que estaba al lado de “M” diciéndole es tu turno de hablar, pues yo quiero hacer el cierre. Ella, sin quitarle los ojos de encima, y dominando cada músculo de su cara para no pestañear, le expresó cuan difícil es decir adiós, que ese día sobretodo lo ha llorado todo, que no sabe que decir en realidad en ese instante, pues lo único que brota de su corazón es decirle “amiga te quiero”. No se puede reprochar un discurso tan corto, pues las palabras emanaban bajo un halo de luz lleno de misticismo. Fueron palabras que en otra circunstancia habrían hablado de una persona que le cuesta adjetivizar lo que siente, mas todos en ese lugar sabían que el nudo en la garganta impidió pudiera decir otras cosas aunque ¿importa eso, si lo que se dice nace del corazón?
Luego vino “MC” una invitada de este Club. Ella lamentó el poco tiempo que tuvieron para conocerse, empero eso no impidió que se forjase un vínculo entre ambas y todas ahí, en ese momento, seguían conteniendo sus lágrimas, ya que aún quedaba “I” por hablar. Llegó su turno y como digna Licenciada en Letras hizo un recuento de todo lo que ha significado el estar en el Club y lo valiosa que es la participación de quien en ese momento se despedían. Justificó el que muchas veces no estuvo presente, pero muy ciertamente dijo que el estar ausente en sí no implicó ausencia ni olvido, sino que espacialmente no estuvo pero si lo estuvo en corazón y alma. A esta altura, por todas, cristalinas lágrimas cayeron por sus mejillas; esa era la magia de la amistad que “V” cultivó con las demás féminas del Club. Esa es la magia que hasta el día de hoy todas poseen y por lo mismo el nombre del Club ya que cada una de ella es Lulú, cada una de ellas es una mujer adulta, pero en circunstancias como la que he ido narrando aparece desde dentro esa niña pequeña que es capaz de reír, llorar, jugar, cantar y callar a la vez con tal de ver a sus amigos felices aunque sea muy duro lo que venga y es por lo mismo que el alma de este Club no ha perdido una integrante, sino ha abierto nuevos horizontes en el tiempo y espacio y ha reafirmado la amistad que ellas fundaron en el paso de cierto y determinado tiempo…
Esta historia acá no acaba, pues en una semana se vuelve a juntar el Club de Lulú. Esta vez para pasar sus primeras vacaciones juntas y “M” que en un momento dudó de ir por no querer dejar a su capullito sin su cuidado se ha unido a este viaje, pues el Club en estos días ha estrechado aun más sus lazos y ninguna querrá perderse esta nueva aventura del Club donde todas son el personaje principal.

Moraleja

Como dije en las primeras hojas esto no es un cuento, por lo mismo no necesariamente trae inserto una moraleja. Aunque en este caso sí la hay y es: “No importa tener 20, 30, 40 ó 100 años para formar un club de amigos, el club en sí mismo no es relevante… puesto que si no hay corazones sinceros y dispuestos a forjar una amistad, con el tiempo esa unión irá desapareciendo…, con el tiempo nos olvidaremos de las caras y de sus sueños; mientras que por el contrario, cuando esta amistad es sincera ni el tiempo ni el espacio podrá jamás borrarla”.

No hay comentarios: